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Un súper diseñador automotriz cumple medio siglo activo

Vida y obra del genial Gordon Murray en el mundo de los autos - parte 5


Los medios especializados europeos y particularmente los británicos no han dejado pasar desapercibido el mes de julio en consecuencia a las afirmaciones hechas por el ingeniero sudafricano Ian Gordon Murray, recordando que en 2017 cumple 50 años de actividad en el diseño de autos de competición y siendo muy celebrado por el ambiente en vista de su amplísimo palmarés profesional.    Los aportes de Murray han trascendido al deporte y han llegado a la industria automotriz, aunque no siempre se le reconoce este mérito.  Por ambas razones creemos oportuno compartir en varias entregas parte de estos méritos.

Tras completar su ciclo laboral con McLaren, Murray se mantuvo involucrado con la ingeniería automotriz y la alta tecnología, instalando su propia empresa de desarrollo técnico y consultoría, encontrándose ahí ahora, cuando tiene ya 71 años de edad recién cumplidos y ninguna intención de abandonar las mesas de diseño.

Murray fue uno de los ingenieros más creativos de la Fórmula 1 y se le reconoce universalmente el mérito de haber sido creativo en una época en la cual el Reglamento Técnico de la categoría era tremendamente restrictivo.

Hay quienes confrontan a Murray con ingenieros y diseñadores igualmente prolíficos como Adrian Newey, pero el sudafricano no se limitó a dar diferentes enfoques a un área o problema específicos, sino que se involucró en todos los aspectos que involucran la concepción de un vehículo de competición, o de serie.

Murray, por ejemplo, estudió con BMW el concepto del motor totalmente inclinado al desarrollar el Fórmula 1 “extraplano” (ver nota de “La Guía del Motor”) y con Brabham también estudió diversas soluciones a nivel de suspensiones, siendo el primero (o de los primeros) en entender que podían usarse las suspensiones para optimizar los criterios aerodinámicos del automóvil.

Murray también fue un pionero en todo ese proceso que en los años ’70 y ’80 tuvo que ver con el desarrollo de la ingeniería de materiales.  Se atribuyen al sudafricano algunas de las primeras aplicaciones de la fibra de carbono (kevlar) en competición y se le atribuye también un importante rol en la investigación en materia de aleaciones, polímeros, derivados y combinados.   Quizá haya sido el interés de Murray en esta materia el que introdujo a McLaren y al Grupo Tecnológico McLaren en este submundo tan amplio y tan diversificado, en el cual el equipo de F-1 alcanzó niveles realmente innovadores que preludiaron lo que hoy vemos en esta materia.

Otro mérito de Murray fue el desarrollo de todo tipo de elemento mecánico para que hiciera parte de un mosaico general de alta eficiencia.  En 1980, por ejemplo, el sudafricano invirtió muchos esfuerzos en la caja de cambios Weissmann, al entender que ésta, siendo más estrecha y más ligera que la tradicional caja británica Hewland, ayudaría a optimizar la aerodinámica inferior del auto en la zona trasera.  Poco después Weismann llegó a ser un importante proveedor para la F-1.

El ingeniero sudafricano siempre creyó en la integralidad del diseño, contemplando en estos la necesidad de alcanzar un punto de equilibrio que no sacrificara excesivamente algún aspecto por priorizar otros.  A diferencia de otros colegas, Murray era un ingeniero muy celoso con los temas de seguridad estructural de sus autos y eso fue un mérito que le reconocieron todos los pilotos que compitieron para Brabham, especialmente Nelson Piquet, quien siempre fue muy crítico en sus años activo con los temas de seguridad estructural.  Al igual que otros técnicos contemporáneos como Colin Chapman o Patrick Head, Murray fue un obseso de la construcción ligera, pero siempre trató de mantener presente que la ligereza no debe ser sinónimo de la fragilidad.  Un concepto que le llevó a ser de los primeros ingenieros en concentrarse en crear carros que fueran capaces de terminar carreras y, luego de eso, de ganarlas.   Un factor que fue imprescindible para que Nelson Piquet pudiera en 1980 y 1981 luchar por el título mundial contra carros con motores turbo que podían ser más rápidos que el suyo.

Es interesante ver en la vastísima obra de Murray el modo en que él experimentó con autos de poco peso, pequeñas dimensiones y hechura simplista, del mismo modo en que buscó el alto rendimiento con vehículos más complejos y que reunían todos los elementos de un carro de serie.  Compare el elemental monoplaza Rocket de finales de los años ’80 con el McLaren F-1 y comprenderá enseguida que son conceptos totalmente diferentes que solo tenían tres cosas en común: su creador, el hecho de tener cuatro ruedas y el ofrecer altísimas prestaciones.

Vale la pena cerrar este seriado con un hecho que puede describir mejor que muchos otros la dimensión de Murray como proyectista.   Si usted abre el capó del imperecedero McLaren F-1 (se encuentra detrás de los asientos) encontrará un recubrimiento interior de brillante color dorado.  Al verlo, no tardará en pensar que ese recubrimiento es tan dorado que parece oro y si llegara a pensarlo estará en un error, porque no se trata de ninguna aleación especial de bajo peso parecida al oro. ¡Es oro de verdad!

Pensaría uno que en un carro que se vendía nuevo por un millón de dólares es normal ver un panel de oro en el reverso de la tapa del capó, pero no se trata de un elemento de status, ni un adorno, tal como acostumbran hacer los fabricantes de autos de lujo.  Un periodista, al ver aquello durante una exhibición del carro en 1992, le dijo a Murray “parece oro” y él le dijo.  “No parece oro.  ¡Es oro!” y enseguida se enfrascó en una larga y entusiasmada disertación sobre las cualidades del oro como aislante de temperatura y como conductor eléctrico, entre otras.   El sudafricano concluyó que “el oro es un metal precioso porque tiene muchas cualidades, no solo por ser hermoso”.  Y lo usó en su auto no por ser hermoso, sino por su capacidad de disipar hasta niveles milagrosos los formidables niveles de calor que genera el potente motor V12.  Eso fue la base de una famosa máxima que Murray y otros grandes ingenieros han repetido una y otra vez:  “si solo es hermoso, no sirve, pero si sirve ¡es hermoso!”    Nada más y nada menos que el fundamento supremo de la posición de ingeniería que dice que “la forma siempre debe perseguir a la función” y no a la inversa.


Además de ser un prolífico ingeniero, Murray entendió que el
medio ambiente condiciona para bien y para mal el esfuerzo
creativo. El sudafricano llegó a crear los espacios destinados
al proceso de diseño. La sede de McLaren es una muestra de eso…

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