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Los 10 apóstoles del Campeonato del Mundo Fórmula 1

Conociendo a los grandes gerentes de cada equipo participante - Final
JULIAN AFONSO LUIS


A manera de cierre de este seriado sobre los 10 directores que actualmente lideran los equipos participantes en el Campeonato del Mundo de automovilismo Fórmula 1, toca describir al joven empresario austríaco Toto Wolff, quien además de dirigir el equipo Mercedes AMG, es el máximo responsable de la División Mercedes-Benz Motorsport que, dentro de la trasnacional automotriz alemana Daimler-Benz AG, maneja los intereses deportivos de ésta.

Quienes han seguido las sucesivas entregas de este seriado, seguramente podrán distinguir en la figura gerencial de Wolff las diferentes escuelas que hemos descrito a lo largo de estas dos semanas, pero en todo caso será interesante el repaso.

Por su edad, Wolff debe incluirse en el grupo de “gerentes jóvenes” que también es representado por Christian Horner (Red Bull) y Cyril Abiteboul (Renault), pero al mismo tiempo tiene mucho del “gerente corporativo” que obviamente representa Abiteboul, pero que también puede hallarse en personajes como Zak Brown (McLaren).

A lo largo de estas semanas hemos podido establecer que no hay un solo y único camino para que alguien pueda convertirse en Director General de un equipo de Fórmula 1.   Algunos, como Maurizio Arrivabene (Ferrari), lo lograron porque tienen gran experiencia dentro del ambiente y eso pesa más que la formación específica.  Otros, como Frederik Vasseur, Franz Tost o Guenther Steiner, han evolucionado dentro del propio deporte como perfectos exponentes de la “teoría del logro” que sugiere que todo profesional que logre el éxito en una tarea será en consecuencia promovido a una más ambiciosa del mismo género.

Independientemente de donde se halle la génesis de cada gerente, es indudable que todos deben tener un ingrediente singular: la total confianza de su jefe u empleador. 

En el caso de Wolff, más allá de una profunda formación profesional en el área de administración de empresas y gerencia empresarial, su formación intrínseca es la de empresario y como tal entró al ambiente de la Fórmula 1.

Wolff comienza a involucrarse en los altos negocios del deporte a motor a solicitud del empresario alemán Hans Aufrecht, con quien trabajaba en AMG, es decir, la división de alto rendimiento de Mercedes-Benz.  Aufrecht había decidido invertir en el deporte al entender que éste ofrecía numerosas oportunidades comerciales a alguien que, como él, se había desarrollado empresarialmente a la sombra de Mercedes-Benz, pero lo hizo a través de Wolff para no incurrir en conflictos de intereses con la corporación.

En un primer momento, Aufrecht manejó sus intereses dentro del deporte a través de Wolff, pero una vez que el empresario alemán centró sus inversiones en el equipo Mercedes AMG de Fórmula 1, la intermediación de Wolff (que es austríaco) no fue tan necesaria y éste también encontró oportunidades comerciales en la Fórmula 1 a través de la presencia de Mercedes-Benz sin que ello significara conflicto alguno, ni con Aufrecht, ni con la empresa, ni con sus marcas.  Un ejemplo fue la posibilidad de convertirse en accionista del equipo Williams Racing, que era cliente de la empresa alemana, que le suministraba (y suministra) motores.

La juventud y la correcta formación profesional de Wolff, le convirtieron en un socio perfecto para un equipo que tras superar un duro período económico (entre 2008 y 2010), podía pensar en reconstruirse, pero lo estaba haciendo al mismo tiempo que cumplía su transición generacional a partir de su creador, Frank Williams, quien lentamente iba delegando el manejo del negocio a su hija Claire.

No sería incorrecto afirmar que la gerencia aplicada por Wolff en Williams fue de tipo coyuntural, aunque allí, más que aplicar métodos de gestión, lo que hacía el empresario austríaco era defender sus intereses como cualquier accionista.  La defensa fue seria, fue profesional y fue muy equilibradora de los diferentes factores que integraban entonces la Junta Directiva de Williams y el Grupo Tecnológico Williams.  Ello hizo que Aufrecht le recomendara a Mercedes-Benz cuando se hizo necesario allí encontrar alguien que cubriera un rol similar.

Entender el modo en que opera Wolff en Mercedes AMG exige antes entender la propia estructura del negocio.  Inicialmente (2009), Mercedes-Benz operaba directamente su propio equipo de Fórmula 1 a través de Mercedes-Benz Motorsport, pero al entender que la enmarañada burocracia corporativa era incompatible con el dinámico ritmo de toma de decisiones que exige el deporte, los alemanes decidieron vender su equipo a un grupo de expertos del deporte como el ex Campeón Mundial Niki Lauda o el propio Hans Aufrecht, entre otros.  Sin embargo la venta prescribió la obligación de recurrir en exclusiva a la infraestructura desarrollada por Mercedes-Benz Motorsport para su equipo de Fórmula 1.

Traducir en términos prácticos lo dicho en el párrafo previo supone señalar, de manera muy general, que los dueños del equipo Mercedes AMG están comprometidos a no usar otras sedes que las de Mercedes-Benz Motorsport en Brackley, Gran Bretaña (el antiguo equipo Honda) y Brixworth (nacida de las anteriores iniciativas de Mercedes-Benz en Fórmula 1) también en Gran Bretaña.  También estaban comprometidos a usar exclusivamente los motores creados y construidos por Mercedes-Benz Motorsport en su sede de Stuttgart, Alemania.  Obviamente están comprometidos a usar la estructura corporativa de la empresa y otros elementos.

El por qué de la estructura descrita encima tiene que ver con la necesidad de incentivar a los gerentes a través del desarrollo de la empresa y de su capacidad para generar lucro.  Ni Lauda, ni Aufrecht, ni ninguno de los demás accionistas del team Mercedes AMG es empleado directo de Mercedes-Benz, sino que son propietarios de un equipo que solo pueden operar en exclusiva a través de las facilidades dispuestas por Mercedes-Benz.

Todo lo anterior resulta demasiado complicado de estructurar en la práctica, como para no requerir catalizadores organizativos y esa es básicamente la función de Wolff, quien sí es empleado de Mercedes-Benz Motorsport, pero a la vez forma parte de la estructura del equipo, como accionista.

Dentro de Mercedes AMG, Wolff es el personaje que equilibra los factores de poder y los espacios de influencia de elementos tan potentes como Niki Lauda en su rol de Presidente No-Ejecutivo, o de (hasta el año pasado) Paddy Lowe ocupando un puesto de Director Técnico que en realidad tenía funciones ampliadas por la propia imposición de Mercedes-Benz, a quien el británico viene  acompañado desde siempre en su aventura en F-1.

También el rol directivo de Wolff tiene que ver con encontrar el equilibro de su pareja de pilotos y el correcto desarrollo del grupo de pilotos prospectos de Mercedes-Benz Motorsport.  Eso ciertamente resulta mucho más fácil de describir que de comprender y aplicar.

Los lectores más avezados en temas de organización de un equipo de carreras ya habrán separado toda la estructura corporativa y todo el tema profesional que hemos descrito para establecer que Toto Wolff no es ni más ni menos que un “patrón de equipo” clásico, como lo fue Frank Williams, como lo es ahora Maurizio Arrivabene, o como deben serlo Cyril Abiteboul o Frederik Vasseur.  La diferencia es que Wolff, como patrón, no solo debe dar respuesta a su equipo, sino también a una estructura corporativa que, como tal, tiene clientes, socios y aliados como perfectamente puede serlo el socio petrolero (Petronas)  o cualquiera de los grandes proveedores de tecnología y piezas.

Durante algún tiempo, pareció como si la fortaleza del equipo Mercedes AMG en F-1 dependiera exclusivamente de la capacidad de su motor turbo híbrido y ésta, a su vez, fue consecuente con el manejo coyuntural que hicieron el equipo y la marca cuando ese Reglamento de Motores fue aprobado en el 2014. 

La verdadera prueba de fuego para Wolff tuvo que haber sido la temporada 2017, cuando ya Paddy Lowe no estaba a bordo y cuando la amenaza deportiva antepuesta por Ferrari ameritaba dar respuestas más allá de la superioridad tecnológica si se quería mantener la supremacía.

En un panorama de relativa igualdad frente a Ferrari, Wolff demostró en el 2017 tener los elementos necesarios en todo patrón de equipo para hacer la diferencia a base de pequeños detalles y también, como buen patrón, logró mostrar la capacidad para colocar su estructura corporativa en la situación más conveniente.  Por ello, según avanzó la temporada, Mercedes AMG fue capaz de apuntalarse cada vez mejor frente a Ferrari en el terreno técnico, hasta terminar imponiéndose una vez más a base de pura superioridad técnica.  Quizá no sea ese el terreno que a Wolff le resulte más cómodo, pero indudablemente es el que mejor conoce, pues es donde ha operado desde que se unió a Mercedes AMG en el 2014.

La gestión “abundante” en términos de presupuesto y superioridad técnica de Mercedes AMG ha dejado abiertos muchos espacios, flecos, rendijas y resquicios para cometer errores que habrían resultado garrafales de no haber contado la estructura con esa ventaja técnica que le dan sus motores, pero ello no debería significar por extensión que Wolff carezca de competencia.  Por el contrario, su experiencia previa como empresario y dueño parcial de equipo, más la experiencia acumulada en medio de la burocracia corporativa de una gran trasnacional como Mercedes-Benz, le han hecho uno de los gerentes más completos de la categoría.  Eso - cuando se tiene una edad relativamente joven, como la suya - puede ser el mejor de los avales.

En resumidas, la gerencia de Wolff ciertamente es muy empresarial y muy corporativa, pero también y por encima de todo, es una gerencia muy política, pero a la vez muy joven.


Entre los diez gerentes actuales de la F-1, Toto Wolff podría
ser el más político de todos. Pero considerando todo lo que
hay en torno a su puesto, no puede ser de otra manera

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