Motor LATAM

Las ediciones especiales venezolanas de hace 3 décadas

Modelos que en su día generaron pasiones y hoy no se recuerdan - Parte 3
JULIAN AFONSO LUIS


Ayer explicábamos, al recordar a la gama Ford Corcel Hobby / Ford Del Rey Hobby, el modo en que el mercado venezolano dio espacio para la oferta de carros originalmente concebidos para el programa “Carro Popular” (1981) y destinados a venderse con un tope de precio establecido originalmente en 30.000 bolívares.  También explicábamos cómo surgió la demanda para versiones de estos modelos que, al no tener que ceñirse a un tope de precio, podían tener un equipamiento mejor.

En General Motors Venezolana, el elegido para el programa “Carro Popular” fue su exitoso subcompacto global de tipo C, que en Europa nació como el Opel Kadett de tercera generación y que se desarrolló en Brasil para atender a las necesidades sudamericanas como el Chevrolet Chevette, al tiempo que se hizo lo propio para el mercado norteamericano. 

El Chevrolet Chevette fue, sin duda, el gran “ganador” en la liga de los “Carros Populares” venezolanos al ser el modelo que se ensambló en mayor cantidad y el que permaneció durante más tiempo en el mercado.  Su vida comercial incluso trascendió a la del programa ministerial que originó su ingreso al mercado y se extendió (gracias a la importación) hasta bien entrada la década de los ’90 luego de haber llegado al mercado nacional en 1981.

Tal como ocurrió en Ford con el Corcel y el Del Rey, Chevrolet ofreció versiones más acabadas del Chevette fuera del programa del “Carro Popular”.  Eso significó que además de un modelo sedán de dos puertas mejor equipado identificado con la sigla L, se ofreciera un sedán de lujo denominado SL.  También la gama dio espacio a una práctica ranchera de dos puertas que fue igualmente servida con el nivel de acabado SL. 

En 1985, para mantener a su carro dentro del programa “Carro Popular” (ahora con un tope de precio fijado en 45.000 bolívares), GM Venezolana hizo una profunda revisión de su mezcla de producto, dando como resultado la versión Chevette Junior, con una caja de cambios de cuatro velocidades, parachoques pintados en vez cromados y un acabado interior incluso más básico que el ya de por sí espartano arreglo del modelo original.  

El Chevrolet Chevette Junior fue, en 1985, la respuesta de GM Venezolana a la pregunta de si se podía seguir produciendo un carro popular con un precio de venta inferior a los 45.000 bolívares.  De hecho, fue GM Venezolana la única que pudo hacerlo y ello marcó el inicio del fin del programa, porque ninguna de las otras ensambladoras locales podía ofrecer algo semejante.

En paralelo, el Chevette seguía ofreciendo su gama de sedanes de 2 y 4 puertas con acabados L y SL, añadiendo la posibilidad de elegir entre cajas manuales de cinco velocidades y cajas automáticas (a partir de 1986).  En 1987, ya muerto y enterrado el programa “Carro Popular” ante la imposibilidad de mantenerse ceñido a los topes de precio establecidos por el Ministerio de Fomento, GM Venezolana retuvo la denominación Junior en el Chevette, aplicándola al nuevo modelo básico de la gama que ya incorporaba el rediseño exterior e interior introducido a la línea ese año, consistente en parachoques de plástico, más adornos exteriores, un panel de instrumentos renovado y un interior mucho más acabado.

En la práctica, el Junior venía a ser la versión de dos puertas del sedán Chevette L, que para entonces ya era conocido como “Chevette amigo” debido a la campaña publicitaria desarrollada por GM Venezolana para él.  Por encima de éste se seguía ofreciendo un sedán en acabado SL muy bien equipado, pero el mercado todavía mostraba demanda por algo más completo.

La respuesta de GM Venezolana a aquellos compradores que querían un Chevette mejor equipado que los Junior de 2 puertas y que los sedanes L y SL de 4 puertas llegó en 1987 junto con la nueva línea.  La versión de lujo del sedán de dos puertas Chevette Junior equipó el paquete “Rally” brasileño y la versión de lujo del sedán SL de cuatro puertas se denominó Super.

El Chevette Rally venezolano no fue totalmente análogo a la versión brasileña, pues GM Venezolana cambió la mezcla de producto a fin de alcanzar el porcentaje mínimo de partes hechas en el país.  Eso significó que, por ejemplo, las ruedas del Chevette Rally venezolano fueran de aluminio y procedieran de un proveedor local, BWA de Venezuela.  También impuso ciertos detalles de presentación interior y exterior propios en la textura de la tapicería, el acabado de los paneles de puertas, la dotación de equipo de sonido, etc.

El Chevette Super venezolano fue desarrollado a partir de la versión tope de gama del Chevette brasileño, pero trajo tapacubos específicos (extrañamente para esta versión no se instalaron ruedas de aleación como en el Rally) y una vistosa calcomanía lateral que identificaba al modelo.  El carro podía, al igual que el Rally, solicitarse con transmisión manual de 5 velocidades o automática.

Mecánicamente los Chevette Rally y Chevette Super respondieron a la especificación 1.6/S de Brasil.  Eso significaba que el motor de 1.600 cc tenía un nuevo múltiple de admisión y un carburador de dos bocas.  A la larga, la especificación 1.6/S fue incorporada también a los Chevette L y SL, así que no quedará como un distintivo específico de las versiones tope de gama.

Un distintivo particular de los Chevette Rally y Super sobre los demás Chevette fue la selección de colores exteriores.  Era posible, por ejemplo, pedir unidades Rally o Super en colores como el azul índigo, el negro o el vino tinto que no estaban disponibles en las versiones de precio menor.  Sin embargo tampoco esto acabará percibiéndose como un diferencial, en vista que GM Venezolana comenzó a ofrecer pintura metalizada en tonos de marrón y gris en los Junior, L y SL, junto con los tradicionales acabados en pintura sólida.

Otros detalles distintivos de los Rally y Super que sí permanecieron como exclusiva de estas versiones fueron la moldura plástica de adorno que se instalaba como portaplacas entre ambas luces de cola, el “labio” plástico en el spoiler delantero, las luces anti niebla bajo el parachoques y un coqueto mini alerón trasero instalado sobre la tapa del maletero, que ofrecía mucho efecto estético pero ningún efecto aerodinámico.

Siendo modelos de edición especial, la producción de los Rally y Super no fue elevada.  En paralelo el precio de ambos se acercaba mucho al portafolio de GM Venezolana para el segmento medio, donde participaba el Chevrolet Monza de tracción delantera.  

No era mucha la diferencia en precio entre un Chevette Rally un Chevrolet Monza “Hatch” o entre un Chevette Super y un Chevrolet Monza SL.  El solapamiento de gamas era obvio y seguramente ello habrá influido en la decisión de GM Venezolana de suprimir de su línea a ambas versiones en 1989, cuando el tema cambiario generó una seria distorsión en toda la industria. 

A partir de entonces, la gama Chevette fue simplificándose cada vez más hasta quedar reducida a un sedán de cuatro puertas con nivel de equipo intermedio (algo mejor que el L) que proporcionó Ecuador hasta mediados de los años ’90.


Por alguna razón, los automovilistas venezolanos de los años ’80 y
’90 no solían hablar del Chevette Super, sino del “súper Chevette”.
Esta versión y la Rally fueron las de más alto nivel ofrecidas por un
modelo que permaneció en el mercado venezolano durante 3 lustros.

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